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Enviado por Joanna Otero-Cruz – ago 14, 2013 

Habiendo crecido en el norte de Filadelfia, toda mi vida escuché el ruido de los disparos, de las peleas, del uso y tráfico de drogas, y del dolor que todo esto causa. Años después, me pregunto por qué parece que la historia se sigue repitiendo una y otra vez. ¿Por qué hay tanto odio e ira? ¿por qué hay tanta falta de respeto, tanta desesperación y tantas perdidas?

Muchas personas culpan a la juventud. Escucho tanta discriminación y coraje hacia la juventud pero muy poco alcance y apoyo por parte de mentores. ¿Acaso nuestras prioridades están confundidas?

En mi opinión, todos necesitamos tomar responsabilidad por el cambio que queremos ver en nuestra comunidad. Hay tantas familias que están batallando por sobrevivir. Veo a tantos niños, tan jóvenes, lidiando con experiencias horribles, entre ellas, hambre, abuso físico y psicológico, negligencia, la perdida de su madre, el encarcelamiento de su padre, drogas, violencia.

Mientras muchos luchan por mantener nuestras escuelas abiertas y por mejorar la calidad de nuestro sistema educacional, Pensilvania construye nuevas prisiones.

Durante el mismo periodo que el Distrito Escolar de Filadelfia anunció el despido de 3.000 empleados, el gobernador Tom Corbett anunció un proyecto de $400 millones de dólares para la construcción de dos prisiones.

La agencia de noticias Associated Press reportó que el proyecto era “el segundo más costoso jamas construido en Pensilvania, excedido tan solo por el Centro de Convenciones”.

El estado gasta aproximadamente $35.000 al año en cada prisionero, mientras que el Distrito Escolar de Filadelfia gasta unos $7.000 por estudiante. ¿En dónde están nuestras prioridades?

No me malinterpreten: Apoyo las condiciones humanas y justas en nuestro sistema de prisiones. De hecho, soy miembro de la junta del Sistema de Prisiones de Pensilvania. Sin embargo, no creo que lo que nuestra comunidad necesita son más prisiones.

Debemos crear un mejor ambiente de aprendizaje. Es importante proveer a nuestras escuelas los recursos adecuados para apoyar la calidad de la educación. También mejorar el apoyo a los servicios sociales y recreativos para mejorar los resultados de cada familia.

Uno de mis proverbios favoritos es “se necesita una aldea para criar un niño”, palabras simples pero poderosas. El proverbio se refiere a una comunidad en la que a los vecinos les importa el bienestar de los niños de su comunidad. Como vecinos solidarios, ellos sirven de ejemplo y como mentores.

Los modales como decir gracias, de nada, buen día y con permiso, son parte de nuestro lenguaje son importar que idioma hablemos. Así que la próxima vez que alguien lo vea de mal manera, deténgase y sonría. Podría sorprenderse, y mejor aun, podría enseñar una lección de amabilidad y crear un cambio positivo.

Es hora de ponernos de pie y de ayudar a reconstruir nuestra ciudad, y cada esfuerzo, por pequeño que parezca, cuenta. Apoye a nuestra juventud, hable con ellos, sirva de mentor, y ayude a romper el ciclo de la violencia y el encarcelamiento.